Encontrar sitios donde conectarse a Internet no es tan fácil como imaginábamos, al menos aquí en las Lofoten, si no llevas tu propio ordenador, porque wi-fi hay en todas partes. Asi que echamos de menos un netbook (alguien quiere hacernos un regalo?).
Vamos al resumen de una semana que ha pasado volando, esto sale caro…
Las Lofoten son un verdadero espectáculo de la naturaleza, que es la indiscutible protagonista.
Es un sitio ideal para ir en bici. No hay llanos demasiado largos, sólo subiditas y bajaditas fáciles. Ideal para empezar a ponerse en forma. Además, aunque todas las carreteras son estrechas, los noruegos son extremadamente respetuosos conduciendo. Ejemplo: los coches cambian de carril para adelantarte aunque vayas por el arcén (igual que en España, claro…). Si alguno te pasa demasiado cerca puedes estar seguro que es un turista mediterráneo
Los candados de las bicis se podrían haber quedado en casa. Aquí, al menos en el norte, no hay riesgo de que te roben (o al menos así lo sentimos). Lo dejamos todo siempre sin ningún miedo, toda la noche, todo el día o en cualquier momento. La gente es muy relajada y confiada, y eso se te pega enseguida. Llegamos a dejar las bicis sin atar, fuera del albergue, toda la noche y el día siguiente.
La acampada libre es 100% recomendable. Los sitios son increíbles. Vale mucho la pena si no llueve.
No hay que pensar demasiado las rutas. Aparte de que prácticamente sólo hay una carretera, todo es tan bonito que no importa demasiado por donde pases. De cualquier manera fliparás.
Hay muchos cicloturistas (o al menos comparado con nuestras tierras). Gran aumento de ellos y de la gente en general a partir del 1 de julio. Aún así sigue siendo muy tranquilo.
Tema tiempo (meteorológico)… buf! La gran preocupación. Nos acaban de decir que está siendo el peor verano de los últimos 15 años. A pesar de todo, en realidad hemos tenido suerte. Desde que llegamos hace 10 días, sólo ha llovido 2 días y medio, lo que es poco teniendo en cuenta que de media debería llover unos 20 días cada mes por estas fechas. Pero nos ha llovido durante más de 48 horas ininterrumpidamente y con ganas.
Lo malo de esta parte del viaje es que tenemos los días contados y un billete de tren pagado. Así que dos días parados por la lluvia nos suponen perdernos demasiadas cosas. Tras esperar 36 horas a que parara de llover decidimos salir a pedalear, confiando en que pararía en algún momento y en nuestro material “impermeable”. Dos errores. Ni paró de llover ni íbamos tan impermeables. Acabamos calados hasta los huesos y con los pies en una piscina con cordones. Gran depresión nocturna de final de etapa, atrapados en nuestra propia telaraña de ropa secándose en la habitación del albergue. Estufa al máximo, claro.
Al día siguiente amaneció todavía lloviendo y nuestros ánimos por el suelo. No queríamos repetir el baño del día anterior ahora que la ropa estaba más o menos seca de nuevo, ni queríamos perder otro día de viaje sentados mirando la lluvia desde la ventana. Y entonces conocimos a Thierry y Silvia, y lo que parecía una tragedia se convirtió en un gran día. Nuestros nuevos amigos nos acogieron en su coche y en su compañía visitamos gran parte de los sitios que teníamos en nuestro plan de ruta frustrado por la lluvia. En un sólo día de coche recuperamos 3 días de pedaleo. Qué bueno es un coche cuando llueve!! Pero la verdad es que constatamos que preferimos el ritmo de la bici… siempre que no estés completamente empapado y con frío. Thierry es francés y Silvia italiana, pero llevan viviendo en Oslo dos años. Con lo cual, nos explicaron muchas cosas de la vida en Noruega y probamos platos típicos de aquí sin ir a ciegas. Pasamos un gran día con ellos.
Tras estos días de lluvia, a partir del martes hemos estado más secos que el bacalao que te encuentras colgando en casi cada rincón de las islas.
Han sido unos días impresionantes. No hemos dejado de maravillarnos en ningún momento. Ahora el problema es dónde descargar las tarjetas de memoria de las cámaras, llenas a reventar!
En general hemos hecho pocos km al día, pero la gente que nos encontramos no lo sabe, y nos han llamado: “brave”, “corageous”, “heroes” (y nos tomaron una foto) y Thierry nos llamó “crazy guys!” cuando nos despedíamos y cogíamos las bicis a las tres de la mañana bajo un sol precioso.
Las islas Lofoten ya se nos han acabado
Acabamos de bajar del ferry y estamos esperando el tren que nos lleve a Trondheim y Otta. A partir de ahí empezaremos a pedalear más en serio (se supone…).
Apunte: el sol de medianoche no es tan fácil de ver. Suelen haber nubes. Finalmente lo conseguimos y pasamos la noche en un paraíso salpicado de ovejas y sus respectivas cacas, llamado Utakliev. Maravilloso.
Os seguimos debiendo las fotos.